sábado, 20 de octubre de 2012

Haarlem o el día que besé el suelo.

¡Hola de nuevo!

Hoy hablaré del sábado pasado, cuando unos cuantos nos animamos a ir a Haarlem. Nos animamos a ir principalmente porque no había mucho más que hacer. Había empezado la semana del Autumn Break, equilicuá, vacaciones, así que los que no habían vuelto a sus extrañados hogares, se habían ido a ver Europa. Excepto unos cuantos pringaillos que seguíamos aquí. (¡yuju!)

Bueno, el plan era ir a Den Helder y a Haarlem el mismo día. Hay una oferta en una droguería holandesa por la cual puedes comprar una tarjeta para viajar en tren durante todo el día (sábado o domingo) por 12,99€, así que podíamos hartarnos de tren.
Habíamos quedado a las 7 a.m. y yo me dormí de mala manera, así que aproveché que M. y C. iban más tarde y fuimos directamente a Haarlem. Al llegar caía el Diluvio Universal vol.II, así que buscamos un lugar típico holandés donde comer (véase Burguer King, que no encontramos, así que McDonald's). Tras comer saludablemente, aprovechamos que la lluvia paró un poquillo para ver un pequeño concierto que había montado en la calle mientras el resto del grupo se nos unía.
El concierto era parte del Pop Ronde, una especie de gira en la que varios grupos que están comenzando tocan en locales de las ciudades holandesas por las que van. Justo el día anterior había sido en Arnhem, pero no fuimos porque había que madrugar para ir a Den Helder. (si llego a saber que me voy a quedar dormida voy anyway, peeero..)

Por fin llegaron todos los demás y comenzamos nuestra ruta por Haarlem. Es una ciudad bastante pequeña que vimos en un rato. Catedral, plaza con mercado de sábado incorporado, canales y, sorpresón.. ¡molino! Toda una novedad a estas alturas, vamos.
Bueno, fuimos al molino (de camino me pegué un guantazo. Intentando evitar caerme al canal, me caí a la carretera... sin comentarios.), pudimos subir tropecientas escaleras empinadas no, lo siguiente (malas de subir, pero peores de bajar). Y ver las vistas desde el aparatejo que impulsó la economía holandesa mientras nos explicaban el funcionamiento y que ahí la gente celebraba bodas (no quiero imaginar cómo suben las escaleras, pero bien por ellos).


Tras acabar la ruta por la ciudad, decidimos dividirnos. Unos queríamos volver a Arnhem y otros querían ir a no sé dónde. Muy bien, no sé cómo acabamos todos en el mismo tren rumbo a “no sé dónde”. Allí sólo tuvimos que coger otro más a Ámsterdam (que volvió a pasar por Haarlem, si somos listos), otro a Arnhem y otro a Arnhem Presikhaaf. Total: 3 horas de tren en lugar de 2 por hacer el pardillo.
Muy entretenido. Casi morimos congelados esperando al último, pero todo bien.

Conclusión: la verdad es que esperaba más de Harleem. No sé qué asociación mental había hecho, pero pensaba que iba a ser más especial. Pero está bien, es bastante bonita.
Estaba pensando en poner información de las ciudades de las que hable, pero la sacaría de la Wikipedia, y todos la conocéis ya. Si no, os la presento, Wikipedia, gente que vive en otro planeta, gente que vive en otro planeta, Wikipedia. Otro día os presento a Youtube.


Love,
María.

miércoles, 17 de octubre de 2012

El día que conseguí un sofá


Ayer iba de camino a la biblioteca (la semana que viene empiezan los exámenes) con M. cuando.. ¡tará!. Vimos dos sofás en casi-perfecto estado a punto de ser abandonados bajo la fría lluvia. No podíamos dejar que eso ocurriera así que, ¿qué se nos ocurrió? Exactamente, cargar los dos sofás nosotras solitas hasta nuestros respectivos aposentos.

Aparcamos las bicis y nos dispusimos a cargar el sofá más pequeño, nada, sólo un sofá de dos plazas, a pulso. Tras varias paradas para evitar perder las muñecas y para disfrutar de la lluvia sobre nuestras cabezas conseguimos aparcar el sofá en el cuarto de M.
Volvimos llenas de ánimo y con un carrito de supermercado a por el segundo sofá. Ahora os puedo decir que dos chicas pueden cargar un sofá de tres plazas con la ayuda de un carrito sin demasiado problema. Lo colocamos sobre el carro cruzado y lo llevamos hasta la residencia. Costó algo de trabajo que atravesara todas las puertas necesarias, pero con la ayuda de un amable técnico que había por ahí y la de nuestro queridísimo R., ahora el sofá descansa en mi habitáculo.

Tras estar toda la mañana limpiando el sofá, sacando pelos de gato (a este blog pongo por testigo de que nunca tendré un gato) y realizando otras muchas tareas del hogar, este es el resultado. Sólo nos queda encontrarle una preciosa funda.



He de aclarar dos cosas, 1. después de dejar el sofá, cumplimos la misión de ir a estudiar y 2. tengo agujetas everywhere.


Love, 
María.

Hallo, welkom!


Hoy comienzo un blog que debería estar cumpliendo su segundo mes. El objetivo principal es que sirva de diario para amontonar recuerdos de esta experiencia. Pero también para compartir con familia, amigos y (¡hola, estamos en internet!) desconocidos a los que les pueda servir para informarse, para entretenerse o para reírse de mi.

Contextualicemos un poco, nací un frío 18 de diciembre hace casi 20 años. Hace años decidí que iría de Erasmus (más o menos cuando mi hermana Tropacia se fue). Mi hermano Cuchiflitín confirmó lo sabido, Erasmus mola. Así que aquí estoy, en Arnhem.

Arnhem es una de las ciudades más grandes de los Países Bajos. Con 150.000 habitantes en escala española eso es más bien pequeñico, pero aquí no está mal teniendo en cuenta que son 16 millones en todo el país. Ya os iré hablando más de ella.

La universidad en la que estoy estudiando aquí es la HAN, en la facultad Arnhem Business School. Es una universidad internacional con clases en holandés y en inglés. Sobra decir que yo holandés ya sabía, como cualquier estudiante español medio, así que opté por dar las clases en inglés para practicar.

Vivo en una residencia de estudiantes, Honigkamp. La mayoría somos exchange students, es decir, Eramus o similiar, que vamos a estar aquí o un semestre o un curso completo, como es mi caso. Franceses, americanos, alemanes, chinos, británicos, coreanos, austriacos, indonesios, polacos, brasileños, italianos y, sobretodo, españoles. Somos una plaga. Si vais a ir de Erasmus, deberíais empezar a asumir que allá donde vayáis habrá españoles, probablemente más de uno, de dos y de diez.

Dejo así la primera entrada.
Nos vemos pronto.


Love,
María.